Actualmente, algunos sectores políticos de “la izquierda” tienden a presentar al régimen iraní como una fuerza para la liberación. Demasiadas personas honestas que detestan el imperialismo estadounidense se dejan engañar. Por ejemplo, en un video un misil iraní surca el aire como si representara las aspiraciones de los campesinos vietnamitas que inspiraron al mundo con su lucha contra la guerra imperialista estadounidense contra su nación.
¿En serio? ¿Una “fuerza para la liberación” que hace que rijan en todo un país unas leyes religiosas represivas basadas en un dios inexistente? ¿Una “fuerza para la liberación” que obliga a las mujeres a vestirse de cierta manera y les priva de derechos en pie de igualdad en todos los ámbitos? ¿Una “fuerza para la liberación” que golpea, encarcela y ahorca a los que salen a la calle en torno a la sencilla demanda de que las mujeres no sean obligadas contra su voluntad a usar el velo en la cabeza? ¿Una fuerza para la liberación que mantiene a las minorías nacionales dentro de su propio país (los kurdos, azeríes, baluchíes) en un estado de subyugación?
¿Una “fuerza para la liberación” que consolidó su poder ahorcando a miles de personas en la década de 1980 por el supuesto “crimen” de ser comunistas?
Para que quede claro, ninguno de esos horrores exime de ninguna manera las acciones del Estados Unidos infinitamente más criminal. De hecho, mientras hemos puesto al desnudo constantemente a este régimen,
nunca hemos permitido que la naturaleza reaccionaria y altamente opresiva del régimen islámico oculte el hecho de que toda la historia y el papel actual del imperialismo estadounidense en relación con Irán han estado en oposición fundamental a los intereses básicos del pueblo iraní y han sido responsables del horrendo sufrimiento que se les ha infligido. Un factor importante que permitió el ascenso al poder del reaccionario régimen islámico en Irán fue el papel del imperialismo estadounidense en el derrocamiento del gobierno popular (y no fundamentalista islámico) de Mosaddeq en Irán en 1953, instaurando en su lugar el sangriento régimen del Sha y respaldándolo plenamente durante décadas (un régimen que, junto con su continua represión brutal y tortura, no casualmente también masacró a miles de iraníes que se alzaron contra él, en la revolución iraní de finales de la década de 1970). Nada bueno puede surgir de las acciones de Estados Unidos, junto con Israel, y de aquellos, como el hijo del Sha, que actúan como agentes de esas fuerzas sedientas de sangre.
El derrocamiento del régimen islámico reaccionario en Irán, y la posibilidad de que de él surja algo verdaderamente positivo, sólo puede realizarse por medio de un levantamiento auténticamente revolucionario de las masas del pueblo iraní, conscientes de la verdadera naturaleza y que se opongan resueltamente no sólo al régimen islámico opresor, sino a todas las fuerzas opresivas y reaccionarias en la región y en el mundo, especialmente Israel y la fuerza aún más poderosa y destructiva detrás de él, el imperialismo estadounidense. (de “Tres líneas divisorias: De los Revcom, sobre la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán”)
Y como hemos dicho también:
Es crucial que la protesta contra este crimen de guerra masivo, cometido por los Estados Unidos e Israel, se manifieste tan poderosamente como sea posible, de manera oportuna, y cada fuerza política necesita ser evaluada en términos de dónde se sitúa y qué hace con respecto a esto.
Y es crucial que la gente examine seriamente el problema más profundo del sistema que impulsa esta locura, y la solución revolucionaria para crear un mundo radicalmente diferente y mucho mejor.