Nosotros, la gente del mundo, ya no podemos darnos el lujo de permitir que estos imperialistas continúen dominando el mundo y determinando el destino de la humanidad. Hay que derrocarlos cuanto antes. Y es un hecho científico que no tenemos que vivir así.
—Bob Avakian
Un incendio forestal arde cerca de Concepción, Chile, el 19 de enero de 2026. Foto: AP/Javier Torres
PRIMERA PARTE: Un movimiento orientado hacia la complicidad con la posible extinción, una negativa a afrontar la realidad y la dinámica del capitalismo-imperialismo
Tuesday, September 29, 7pm at Revolution Books, NYC
Capitalism Is Destroying the Planet
We Don't Need Magical Thinking...We Need Scientific Clarity and Revolution, Nothing Less!
Film and Discussion With Raymond Lotta
I. INTRODUCCIÓN
La crisis climática y la emergencia ambiental en general se están acelerando rápidamente. Grandes extensiones del planeta han sido arrasadas por incendios forestales. América del Norte, África y Asia experimentaron los meses de julio más calurosos de los que se tiene registro. A finales de agosto de este año, los océanos del mundo alcanzaron temperaturas sin precedentes.
Las catástrofes y el sufrimiento causados y exacerbados por el calentamiento global se están intensificando y extendiendo.
El 2 de septiembre, las Naciones Unidas anunciaron que la temperatura global de la Tierra en los próximos años será con casi toda seguridad 1,5 grados centígrados (2,7 grados Fahrenheit) superior a la registrada al inicio de la Revolución Industrial. Este aumento de temperatura representa un punto de inflexión a partir del cual se consolidará un daño irreversible en la trayectoria de nuestro planeta, con una mayor probabilidad de que la Tierra se vuelva inhabitable.
La central eléctrica WA Parish Generating Station en Richmond, Texas, cuenta con plantas de energía que funcionan tanto con gas natural como con carbón. Foto: PD
Árboles talados en la cordillera Prince of Wales, Columbia Británica, Canadá, 31 de mayo de 2026. Foto: AP
Mientras tanto, la producción mundial de petróleo y gas natural alcanzó niveles récord en 2025, con Estados Unidos a la cabeza. A pesar de las advertencias de los científicos climáticos y la realidad de la pérdida de ecosistemas, los combustibles fósiles siguen cubriendo cerca del 80% del consumo energético mundial.
El carbono producido por la quema de combustibles fósiles atrapa el calor en la atmósfera. Este es el principal factor del aumento de las temperaturas globales. Estas emisiones de carbono siguen aumentando, ya que la industria manufacturera, la generación de electricidad, la calefacción y el transporte en el sistema capitalista mundial dependen en gran medida de estos combustibles. Además, el calentamiento de los océanos, provocado por el aumento de las temperaturas, junto con la tala indiscriminada de los bosques del planeta con fines comerciales e industriales, está privando al planeta de sistemas naturales capaces de absorber carbono.
Resulta obsceno que los gobiernos de todo el mundo no estén cumpliendo, o de plano estén abandonando, sus compromisos de reducir rápidamente las emisiones de carbono y alejarse decisivamente de los combustibles fósiles.
Sin embargo, ante todo esto, el otrora sólido movimiento climático estadounidense apenas se percibe. En los últimos años, se ha mostrado mayormente pasivo y desorientado. Esto es inaceptable desde el punto de vista político y moral.
Existen múltiples razones para ello. Pero una de las principales es que, a lo largo de los años, destacados líderes de opinión de este movimiento, como Bill McKibben, Naomi Klein y Rebecca Solnit, y sus aliados "líderes políticos" (como Alexandra Ocasio-Cortez) han impulsado el movimiento climático en una dirección desastrosa y reprobable.
Estos líderes han promovido una especie de “pensamiento mágico” sobre la naturaleza del sistema capitalista-imperialista. Pretenden que quienes participan en el movimiento climático crean que este sistema puede ser presionado, hecho entrar en razón y reformado en la dirección de la necesaria “transición hacia la energía verde”.
A decir verdad, estos líderes parecen creer más en las capacidades de este sistema que incluso los capitalistas-imperialistas que lo presiden.
Y a pesar de las intenciones, sin duda sinceras, de algunos de estos líderes del movimiento, el modo de pensar y el programa político que estos líderes han elegido y promovido a sabiendas son cómplices de la posible extinción de la humanidad ... EN CASO DE QUE lo permitamos.
Existe una alternativa —una alternativa muy difícil, pero basada en la realidad y posible— que nos brinda la única oportunidad real de “salvar el planeta”. Y esa alternativa consiste en llevar a cabo una revolución real para derrocar este sistema y forjar un sistema económico y una forma de gobierno político fundamentalmente diferentes, en los que la protección y la recuperación del planeta estén intrínsecamente ligadas a la emancipación de la humanidad.
Un tema central de este ensayo-polémico es el siguiente: Si queremos abordar el cambio climático desde una perspectiva científica y actuar en consecuencia, no solo necesitamos comprender la ciencia del cambio climático, sino también abordar de manera científica la sociedad, y afrontar la realidad del sistema bajo el cual vivimos y que nos rige: el capitalismo-imperialismo.
Se trata de una cuestión de epistemología: de profundizar en la verdad en lugar de ignorarla o distorsionarla por conveniencia política. Se trata de actuar con una moralidad basada en una epistemología científica: de “hacer lo correcto” para lograr el cambio radical necesario ante enormes desafíos. Luchar por este enfoque es una parte decisiva de convencer a la gente de la revolución.
Si prefieres tapar el sol con un dedo y vivir tu vida a la sombra de la creciente y aterradora realidad de la extinción humana y la destrucción masiva de la naturaleza, no sigas leyendo. Pero si estás dispuesto a afrontar el carácter plenamente sistémico de esta crisis y lo que hay que hacer para acabar con ella... pues continúa leyendo.
II. PENSAMIENTO MÁGICO VENENOSO, EN TRES ACTOS
Pensamiento mágico, acto 1: Distorsionar la realidad para contar una historia más “positiva y esperanzadora”
Gases de efecto invernadero que chorrean de las chimeneas.
Donald Trump llegó al poder en 2017 proclamando que el calentamiento global es un engaño y que los científicos y activistas climáticos son alarmistas y agoreros. Los fascistas de Trump rechazaban (¡e intentaban ocultar!) las pruebas irrefutables de los informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU y otros estudios científicos que, con razón, han estado dando la voz de alarma y exigiendo medidas urgentes y políticas audaces para reestructurar las economías y alejarlas de los combustibles fósiles.
Greta Thunberg participa en la Huelga Climática en Montreal, Canadá, el 27 de septiembre de 2019. Foto: AP
Un sector de activistas, personificado por la entonces joven defensora del clima Greta Thunberg, estaba aumentando con razón el tono de alarma. Denunciaban las mentiras y el rotundo fracaso de los políticos, las instituciones y las cumbres climáticas oficiales, y exigían una acción más coordinada y radical.
Pero, al mismo tiempo, algunos de los líderes de opinión del movimiento climático propagaban una visión perniciosa. Esta idea sostenía que el movimiento estaba perdiendo aliados potenciales y alejando a las fuerzas intermedias más amplias por ser demasiado “alarmista”, parecer “demasiado negativo” y no ofrecer “esperanzas prácticas”.
Estas voces no negaban el carácter existencial de la crisis climática. Pero sí negaban la dinámica subyacente del capitalismo-imperialismo, y las barreras para las economías y sociedades ambientalmente sostenibles, barreras que están integradas en este sistema que rige sobre la humanidad. La historia optimista y alentadora que querían (y quieren) contar es que el mismo sistema que está precipitando a la humanidad y al planeta hacia el desastre puede, de alguna manera, encaminarse hacia un rumbo positivo que podría iniciar una mejora.
Este pensamiento mágico giraba en torno a los llamamientos a un “Nuevo Pacto Verde”: iniciativas patrocinadas por el gobierno para la transición de la economía hacia las energías renovables dentro del marco del sistema existente. En sus escritos en aquel momento, la autora y activista Naomi Klein señalaba la movilización industrial estadounidense de la Segunda Guerra Mundial y su Plan Marshall de posguerra (financiación orquestada por Estados Unidos para la reconstrucción de Europa Occidental) como modelos dignos de una acción gubernamental urgente y a gran escala, ¡sin importar que todo esto estuviera al servicio de la dominación imperialista estadounidense del mundo!
El mensaje de “esperanza ambiental” quedó plenamente expuesto en la película animada de 2019, Un mensaje del futuro con Alexandria Ocasio-Cortez. Naomi Klein y el sitio web The Intercept participaron en su promoción (la película fue coescrita y narrada por Ocasio-Cortez, una defensora del Nuevo Pacto Verde en el Congreso).
La película se presentó como un “experimento mental” que imaginaba cómo sería Estados Unidos si implementara el Nuevo Pacto Verde. Narraba una historia de activismo que condujo a una financiación masiva para una transformación social y ecológica a gran escala, lo que derivó en una renovación completa de la red energética para lograr cero emisiones netas de carbono, garantías federales de empleo y atención médica para todos.
Se trata de un mundo de fantasía construido sobre su propia forma de negacionismo: la negación de la naturaleza fundamental del capitalismo y la creciente fuerza e iniciativa del fascismo en el poder y en toda la sociedad estadounidense. Este negacionismo desarma a la gente teórica y políticamente... y, de hecho, obstaculiza la comprensión y la acción ante una emergencia climática existencial intrínsecamente ligada al capitalismo.
Ahora bien, nadie debería sucumbir a la desesperación. Pero una esperanza vana no es la solución. Lo cual nos lleva a la legislación climática de Biden para 2022.
Pensamiento mágico, acto 2: La Ley de Reducción de la Inflación como la solución climática de nuestra generación
La Ley de Reducción de la Inflación fue el nombre oficial de la emblemática legislación climática impulsada por la administración Biden. Bill McKibben fue un entusiasta defensor y advirtió que si no luchábamos para que se aprobara, "no tendríamos otra oportunidad".
El proyecto de ley climática de Biden se convirtió en un lema y un eje organizativo para gran parte del movimiento climático. El atractivo de que los de arriba "harían lo correcto" (si se contaba con presión y apoyo) canalizó y, a la vez, consumió una considerable cantidad de energía. El Movimiento Sunrise de jóvenes activistas, que surgió de las campañas universitarias de desinversión en combustibles fósiles, centró sus esfuerzos en ejercer presión política y protestar para lograr la aprobación de esta legislación, movilizándose a nivel estatal y federal. En poco tiempo, Sunrise se convirtió en una extensión del Partido Demócrata.
La Ley de Reducción de la Inflación (IRA, por sus siglas en inglés) fue aprobada por el Congreso en 2022. Pero esta legislación estaba/está totalmente desfasada con lo que realmente se necesita para abordar el cambio climático, sobre todo teniendo en cuenta el papel preponderante de Estados Unidos en causar y perpetuar la crisis climática. La legislación estaba marcada de principio a fin por los intereses del imperialismo estadounidense. Un análisis completo, escrito en el momento de la aprobación de la IRA, se puede encontrar AQUÍ. Para destacar algunos elementos clave:
A) La IRA no imponía ningún mandato —ni obligación institucional— para reducir drásticamente, mucho menos eliminar por completo, los combustibles fósiles. ¡Eso estaba descartado! El objetivo principal de la IRA era incentivar financieramente (mediante subsidios, préstamos y créditos fiscales) el desarrollo y la adopción limitados de energías renovables. La estrategia rectora del programa de Biden consistía en impulsar las energías renovables sobre la base de los combustibles fósiles en la economía estadounidense.
B) La promoción de las energías renovables en la IRA de Biden —al igual que el apoyo a la energía solar durante la administración Obama— ha estado estrechamente ligada a la creciente rivalidad imperialista entre superpotencias con la China capitalista-imperialista. La administración Biden reconocía la creciente importancia de la energía solar en la economía imperialista mundial y buscaba fortalecer las capacidades estadounidenses, así como la competitividad de la industria automotriz de EE. UU. y su capacidad para producir y vender vehículos eléctricos en un mercado global que China ha llegado a dominar masivamente.
La clase dominante china considera la energía solar tanto un motor económico como un activo estratégico global a largo plazo. Actualmente, China controla más del 80% de la cadena de suministro mundial de energía solar. Esto le otorga una enorme capacidad para moldear la infraestructura energética emergente del Sur global. Estos países se vuelven dependientes de China para obtener componentes, asistencia técnica y financiación, lo que a su vez proporciona a China influencia geopolítica. Los países preocupados por quedar excluidos de esta cadena de suministro global podrían, por ejemplo, ser menos propensos a estrechar sus lazos militares y de seguridad con Estados Unidos*.
La IRA fue en parte una respuesta a esto, nuevamente, para promover la capacidad de energía solar y eólica dentro del marco del dominio de los combustibles fósiles. También subsidiaba la producción nacional de semiconductores en EE. UU. para acortar las cadenas de suministro, con el fin de impulsar la competencia económica, tecnológica y militar con la rival imperialista China, y para aumentar la capacidad bélica.
C) Este pensamiento mágico sobre la legislación climática de Biden encubrió la fuerza del fascismo en la sociedad estadounidense. El poderoso sector fascista de la clase dominante estadounidense, liderado por Donald Trump, pretende eliminar cualquier obstáculo para el uso intensivo de combustibles fósiles.
La segunda administración Trump ha desmantelado los incentivos gubernamentales para la energía eólica y solar, así como para los vehículos eléctricos; ha recomprado concesiones para parques eólicos marinos; está abriendo nuevos yacimientos petrolíferos; ha expandido la producción del combustible fósil más contaminante: el carbón; y ha arrasado con las regulaciones ambientales. Además, ha recortado drásticamente el apoyo del gobierno federal a la investigación climática, como parte de su guerra contra la ciencia y su programa ideológico para institucionalizar la ignorancia.
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Protesta climática el 20 de septiembre de 2019, una jornada mundial de acción liderada por jóvenes. Foto: AP
Los “líderes de pensamiento” a los que se hace referencia en esta polémica desempeñaron un papel fundamental en la desviación de un movimiento que, diez años atrás, llenaba las ciudades de jóvenes manifestantes desafiantes, ahora dirigiéndolos a canalizar sus energías hacia la reforma de un sistema irreformable. Diez años después, apenas queda rastro de ese movimiento, el mundo se ha hundido cada vez más en el abismo sin visos de solución, y aun así, estos “líderes” siguen encontrando nuevas botellas para su vino ilusorio.
Pensamiento mágico, acto 3: La falacia de que el mercado capitalista impulse una transición energética verde... de que energías renovables más baratas y accesibles superen a los combustibles fósiles
Mientras la brutal y criminal guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán provocaba una interrupción masiva de los envíos de petróleo y gas natural desde Oriente Medio en la primavera de 2026, Bill McKibben escribió (y fue ampliamente citado): "la luz del sol viaja 93 millones de millas para llegar a la Tierra, pero ninguna de esas millas pasa por el estrecho de Ormuz".
Suena sumamente convincente y sencillo. Pero las apariencias engañan. Porque resulta que la luz solar, convertida en energía solar, tiene que pasar por las relaciones económicas y mercantiles del capitalismo para tener efecto a gran escala.
A) Las limitaciones de la rentabilidad y la anarquía de la producción capitalista
Durante años, Bill McKibben, Rebecca Solnit y otras voces influyentes sobre el cambio climático han estado pregonando la "buena noticia" de que el rápido abaratamiento de la energía solar y eólica está haciendo que una transición completa para abandonar los combustibles fósiles sea cada vez más factible y atractiva para los inversores, tanto desde el punto de vista tecnológico como económico.
Solnit, en un artículo de opinión publicado en The Guardian en 2021, llegó incluso a pronosticar que “el fin del petróleo está cerca”. McKibben defiende con mayor plenitud el supuesto auge imparable de la energía solar en su libro de 2025, Here Comes the Sun: A Last Chance for the Climate and A Fresh Chance for Civilization (Aquí llega el sol: La última oportunidad para el clima y un cambio para la civilización). Añade al argumento económico a favor de la energía solar que también es una fuerza “democratizadora” debido a su carácter a menudo local, práctico y descentralizado. Esto es pensamiento mágico llevado a nuevos niveles de delirio.
Analicemos lo que realmente ha estado sucediendo. Es cierto que el precio de la energía solar ha disminuido drásticamente en los últimos 15 años. Los costos de fabricación de los componentes, junto con los costos de instalación y operación de la energía solar y eólica, han bajado. Pero consideremos estas cifras preocupantes:
En el año 2000, los combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón) representaban el 85% del consumo total de energía de Estados Unidos (electricidad, calefacción, transporte e industria pesada). En 2025, representaban el 82% del consumo total de energía. Un cambio poco drástico. (Datos aquí y en los párrafos siguientes procedentes de la Administración de Información Energética de Estados Unidos y la Agencia Internacional de Energía).
En otras palabras, a pesar del abaratamiento de la energía solar y eólica y de la enorme expansión de la capacidad de energía renovable, la proporción de energía renovable en el consumo total de electricidad a nivel mundial se ha mantenido bastante constante durante los últimos 25 años.
Lo que sí ha cambiado sustancialmente —y McKibben tiene razón al respecto— es que las energías renovables, especialmente la eólica y la solar, han aumentado considerablemente su participación en la electricidad generada en Estados Unidos, pasando del 9% en 2000 al 24% en 2025. Sin embargo, esto representa solo una cuarta parte de la electricidad generada, y la electricidad supone poco más del 35% del consumo total de energía en Estados Unidos —incluyendo, de nuevo, la industria manufacturera, el transporte, la aviación, etc.—, un sector que sigue estando dominado por los combustibles fósiles.
En términos absolutos, tanto la producción de combustibles fósiles como la capacidad de energías renovables están en expansión. Sin embargo, a nivel mundial, los combustibles fósiles aún representan más del 80% (!) del consumo total de energía. Las emisiones de gases de efecto invernadero que atrapan el calor continúan a niveles inaceptablemente peligrosos. Y la habitabilidad del planeta se ve cada vez más amenazada.
Uso de energía primaria por fuente, Mundo, 2025. Nota: Los combustibles fósiles (gas natural + carbón + petróleo) representan el 86 % del suministro mundial de combustible. Haga clic para ampliar. Fuente: Creative Commons
No existe la magia del mercado
No estamos presenciando ni existe una “magia del mercado” que conduzca a la retirada a gran escala de los combustibles fósiles ni su sustitución masiva por energías renovables. Esto es algo que se requiere con urgencia —y que los científicos del clima han reclamado reiteradamente— para siquiera empezar a afrontar la crisis climática. Sin embargo, en lugar de eso... ¡se está incorporando la energía solar y eólica a una matriz energética estadounidense que sigue estando dominada por los combustibles fósiles!
Centros de datos de Amazon. Foto: PD
Y ahora, un factor que complica aún más la situación: los centros de datos de IA. En los últimos cinco años, se ha desatado en Estados Unidos una ola de inversiones vertiginosa, descontrolada y ambientalmente insensata. Piénsenlo. No existe ningún plan consciente y racional que guíe el desarrollo de la IA. No hay ninguna evaluación ambiental a largo plazo que regule su desarrollo. Es el impulso competitivo y anárquico del capital el que impone las condiciones.
La principal fuente de energía eléctrica para estos centros de datos es el gas natural, que actualmente genera el 40 por ciento de la electricidad para estos centros de datos. Pero esto es solo el comienzo. Un aumento masivo en la infraestructura de gas natural está en marcha. Al ritmo al que se expanden la IA y los centros de datos de IA, Bloomberg Investment Research proyecta que para 2035, los centros de datos de IA en EE. UU. serán el quinto mayor consumidor de gas natural del mundo (después de China, Rusia, Irán y el propio EE. UU.).
Además, los combustibles fósiles están profundamente arraigados en las vastas e interconectadas cadenas de suministro globales de explotación del imperialismo estadounidense: desde las fábricas de ropa en Bangladés y la subcontratación de piezas y componentes en Asia Oriental para la fabricación de teléfonos móviles, hasta las materias primas y minerales extraídos de minas infernales en el Congo y otras partes de África. Esto no aparece en los informes oficiales estándar de Estados Unidos sobre emisiones de gases de efecto invernadero.
La lógica de un sistema
Bajo el capitalismo, la producción se realiza con fines de lucro, no para satisfacer las necesidades sociales ni para proteger el planeta. Además, las decisiones de inversión en los distintos ámbitos de la actividad económica se guían por si una u otra inversión generará una rentabilidad competitiva.
Es evidente que, si observamos la red energética del planeta, que aún depende de los combustibles fósiles, la mera existencia de una tecnología superior y más respetuosa con el clima no determina las decisiones de inversión en el sistema capitalista mundial. Tampoco los bloques de capital privados y competitivos invierten en nuevas tecnologías basándose simplemente en su bajo coste de producción. El coste y el precio por sí solos NO determinan las decisiones de inversión en el modo de producción capitalista.
El criterio clave es la rentabilidad, la tasa de retorno esperada. Y la cruda realidad es que la energía renovable no es tan rentable como los combustibles fósiles**.
El sector de los combustibles fósiles cuenta con la ventaja competitiva de una infraestructura consolidada para la perforación y el refinado, así como de oleoductos para la distribución de esta energía. Su modelo de negocio se basa en una producción masiva de petróleo o gas, lo que permite distribuir los costes de estas inversiones. Al mismo tiempo, existe una necesidad imperiosa, impulsada por la búsqueda de ganancias, de producir y vender más para recuperar el coste de dichas inversiones, y una necesidad imperiosa de aumentar la producción para proteger y ganar cuota de mercado frente a la competencia.
El problema no radica en la “codicia” de los multimillonarios petroleros ni en los vínculos corruptos entre las grandes compañías petroleras y los políticos influyentes. El problema reside en la naturaleza y la lógica del capitalismo.
B) El petróleo no es solo otro insumo para la producción. El petróleo es una materia prima estratégica.
Reabastecimiento de combustible del portaaviones USS Abraham Lincoln en ruta hacia el Oriente Medio, 2024. Foto: Armada de los Estados Unidos
El capitalismo-imperialismo es un sistema internacional de producción basado en la explotación del trabajo asalariado. Es un sistema en el que enormes conglomerados de capital compiten por la cuota de mercado. Es un sistema en el que las principales potencias imperiales se disputan el control de regiones y fuentes de materias primas, negando el acceso a otros y buscando el dominio de las nuevas tecnologías.
El control de las reservas y la producción de petróleo y gas natural, de la capacidad de refinación y de las rutas marítimas para su transporte desempeña un papel crucial en el mantenimiento del imperio global estadounidense. Además, el dólar tiene una importancia fundamental en las finanzas mundiales y en el mercado petrolero global, lo que constituye un pilar vital del imperio estadounidense. La presencia militar y la agresión de Estados Unidos en el Oriente Medio son el mecanismo de imposición. Todo esto permite al imperialismo estadounidense ejercer una enorme influencia sobre la economía mundial.
Hay que tener en cuenta que las fuerzas armadas estadounidenses son el mayor consumidor institucional de petróleo del mundo.
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Retrocedamos un poco. El capitalismo-imperialismo, en particular el imperialismo estadounidense, se ha desarrollado históricamente de una manera determinada, siguiendo una trayectoria energética específica, especialmente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Esto ha dado como resultado un marco económico en el que los combustibles fósiles son fundamentales para el funcionamiento rentable y las necesidades estratégicas del imperialismo estadounidense.
Mientras tanto ... ¡la Tierra se está calentando más rápido!
III. No se puede actuar eficazmente ante la crisis climática y la emergencia ambiental dentro de los límites del sistema capitalista... Se necesita un sistema radicalmente diferente
Como se subraya en esta polémica, si queremos abordar el cambio climático desde una perspectiva científica y actuar en consecuencia, no solo necesitamos comprender la ciencia del cambio climático, sino que también debemos aplicar esa perspectiva científica a la sociedad y al sistema bajo el cual vivimos y que nos rige: el capitalismo-imperialismo.
Este sistema tiene una naturaleza básica y se rige por ciertas dinámicas. Eso es lo que impulsa el calentamiento global y la catástrofe ambiental. Y no es posible reformar este sistema para que sea algo distinto a lo que es.
La base del sistema económico capitalista son los bloques de capital privados y rivales que explotan a los trabajadores en todo el mundo.
- Se trata de un sistema económico cuyas unidades de propiedad están impulsadas, como una cuestión de supervivencia competitiva, por la búsqueda de cada vez más ganancias.
- Se trata de un sistema que interactúa con la naturaleza como un insumo "gratuito" que se incorpora a la producción para sacar ganancias.
- Además, los efectos sociales y ambientales más amplios de la producción con fines de lucro no forman parte del "cálculo de costos" de estos capitales en competencia.
Bajo el capitalismo-imperialismo, no existe ningún medio a nivel social, ningún mecanismo directo, ningún poder de gobierno para establecer prioridades racionales... para asignar recursos de acuerdo con las necesidades sociales y la sostenibilidad ambiental... y guiar el desarrollo económico y social.
Este es un sistema cuyas estructuras y procesos políticos imponen y refuerzan su explotación despiadada, su opresión asesina y la destrucción masiva de personas y del medio ambiente. Dicho de otro modo: el capitalismo-imperialismo no solo es la causa principal de la crisis climática, sino también el obstáculo para actuar ante esta crisis en beneficio de la humanidad y la preservación del planeta.
Pero Bill McKibben, Rebecca Solnit, Naomi Klein y otros “líderes de pensamiento” del movimiento climático han propagado programas reformistas y formas de pensar que contribuyen a mantener a la gente atrapada dentro de los límites de este sistema. Hablan de ciencia climática, pero son completamente anticientíficos y carecen de rigor científico a la hora de comprender la causa profunda de la crisis climática en la naturaleza y el funcionamiento de este sistema... y de reconocer (o más bien, negarse a reconocer) que el camino necesario para avanzar requiere, como primer paso, deshacerse de este sistema capitalista-imperialista.
El tipo de “pensamiento mágico” en el movimiento climático que se critica aquí es un obstáculo importante para que las personas comprendan la realidad tal como es, y como debe y puede transformarse. Este modo de pensar se basa en el pragmatismo: buscar y ensalzar soluciones aparentemente “prácticas”, como la Ley de Reducción de la Inflación. O argumentar que si “cambiamos la narrativa” y mostramos una actitud “optimista” sobre la conquista del mercado por parte de la energía solar, podemos construir una base de apoyo cada vez mayor para soluciones legislativas y electorales, es decir, soluciones que son callejones sin salida.
Un elemento clave de su metodología consiste en seleccionar por conveniencia ejemplos que demuestran el potencial de la energía solar, como un mes en el que esta proporcionó más de la mitad de la electricidad en California, o las tres horas diarias de energía solar gratuita que Australia ofrece a ciertos hogares. Datos muy atractivos, pero que no reflejan la realidad de la estructura y la dinámica más profundas del capitalismo que se abordan aquí.
Esta negativa a afrontar la realidad de este sistema lleva a McKibben a afirmaciones ridículas como esta: “Cada vez que se instala un panel solar, cada vez que un vehículo eléctrico sale del concesionario... cada vez que esto sucede, el poder político de la industria de los combustibles fósiles disminuye gradualmente. Llegaremos, en algún momento, a un punto en el que su poder político se habrá quebrado”. ¡¿Qué demonios?!
Pero esto es peor que un pensamiento erróneo. Es peor que un falso consuelo. Es complicidad con un sistema que está forzando a la humanidad marchar hacia el abismo y empujando a la Tierra hacia la ruina planetaria. Y este “pensamiento mágico” y pragmatismo han contribuido a un movimiento climático que se ha vuelto desorientado y casi invisible.
Esta es la cruda realidad sobre los combustibles fósiles y el calentamiento global. Para abordar seriamente el cambio climático, habría que eliminar a las compañías petroleras y de gas natural, y a toda la clase capitalista-imperialista: despojarlas de su poder político y económico y confiscar sus activos. Es así de simple.
Para que eso suceda, y para que la sociedad interactúe con la naturaleza de manera sostenible, se requiere una revolución socialista — una revolución para derrocar este sistema, para crear un nuevo poder estatal con el fin de socializar la propiedad de los principales medios de producción y forjar una economía socialista planificada.
SÍ existe una alternativa realista a la locura y la destructividad de este sistema. SÍ existe una forma completamente nueva de vivir, un sistema radicalmente diferente y mucho mejor para liberar a la humanidad de toda explotación y opresión, y para interactuar con la naturaleza de manera racional y sostenible. La visión y el plano se exponen en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de la autoría del líder revolucionario Bob Avakian. En cuanto a por qué este sistema capitalista-imperialista está llevando a la gente al abismo y qué se requiere, véase Bob Avakian, LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO:Una marcha forzada hacia el abismo,¿O forjar una salida de la locura?
La segunda parte, que se publicará en octubre, trata sobre cómo la nueva sociedad socialista revolucionaria abordaría la emergencia medioambiental: los desafíos monumentales a los que se enfrentaría y las posibilidades transformadoras sin precedentes que este nuevo sistema abriría.
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NOTAS EXPLICATIVAS:
* Para quienes se dejan seducir por la supuesta destreza de China en materia de energías renovables, cabe señalar que el "milagro industrial" chino de los últimos 30 años se basó en la energía del carbón, y China sigue siendo el mayor importador de petróleo del mundo y el mayor productor y consumidor de carbón. La continua dependencia de China de los combustibles fósiles, especialmente del carbón, ha sido, de hecho, su principal amortiguador frente a la interrupción del suministro de petróleo a través del estrecho de Ormuz, provocada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. [volver]
** Las razones por las que la rentabilidad de la energía solar y eólica es menor en comparación con la de los combustibles fósiles —y por qué esto constituye un obstáculo para una inversión más generalizada en energías renovables— se analizan con gran profundidad en el libro The Price Is Wrong: Why Capitalism Won't Save the Planet (El precio es erróneo: Por qué el capitalismo no salvará el planeta), de Brett Christophers. [volver]