Introducción de la CIE:
Compartimos esta declaración oportuna y crucial de Osyan que fue publicado en su cuenta de Instagram el 16 de septiembre de 2026, el cuarto aniversario del histórico levantamiento de Mujer, Vida, Libertad en Irán. Lo hacemos en conjunto con los numerosos eventos políticos y culturales progresistas que marcan este levantamiento dentro de Irán y en todo el mundo — contra el telón de fondo de la brutal guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, y la represión intensificada, con una oleada de ejecuciones, por el régimen iraní.
La CIE especialmente apoya y quiere amplificar la sección en negrilla de la declaracióñ de Osyan que termina con un punto clave: “Hay que rechazar toda ilusión de que surgirá algo positivo de los planes estadounidenses o de la ‘resistencia’ reaccionaria de la República Islámica. Hoy, construir un movimiento de carácter profundamente radical en Irán depende de comprender esto”.
Como contexto, de la misma manera en que la maternidad obligatoria es la esclavitud femenina, también lo es el velo obligatorio con el hiyab obligatorio que las mujeres en Irán deben llevar a partir de los 9 años según su teocracia capitalista. Un hiyab inapropiado, o tener el pelo parcialmente descubierto, le costó a Mahsa Jina Amini su joven vida a manos de la policía de la moralidad de Irán. Este asesinato estatal indignante provocó el levantamiento de Mujer, Vida, Libertad a mediados de septiembre de 2022. La furiosa rebelión duró casi medio año. Multitudes de mujeres, acompañados por muchos hombres, bailaban alrededor de enormes hogueras quemando el odiado hiyab, con muchas mujeres cortándose el pelo en señal de protesta. Lo apoyaron personas de todo el mundo que lo vieron como un llamamiento claro contra todas las formas feroces en que las mujeres son oprimidas en todas partes hoy en día. Pero encima, el levantamiento se convirtió en un símbolo del grito de la humanidad oprimida, aún más relevante y urgente hoy que cuando estalló hace cuatro años.
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De OSYAN
DE “MUJER, VIDA LIBERTAD” A “GUERRA, MUERTE, DESTRUCCIÓN”
Han pasado cuatro años desde el asesinato de Jina Mahsa Amini. Cuatro años desde el día en que su muerte sacudió a Irán y abrió al mundo una herida que había existido durante décadas. Cuatro años desde el día en que las mujeres salieron a la calle, se quitaron los velos, se cortaron el pelo y empujó de nuevo a la República Islámica hacia el frente ideológico, de uno de sus campos de batalla más importantes: el hiyab obligatorio. Lo hicieron mediante un acto sencillo, pero radical y continuo: Ya no viviremos como ustedes quieren.
El levantamiento de Jina tanto realizó logros como tuvo deficiencias; sin duda era lleno de contradicciones y lejos de ser uniforme. Contradicciones que se hicieron más evidentes en el camino. En 2023, parte de ella apoyó a Palestina y se opuso al genocidio, mientras que en 2025-2026, otra parte acogió con agrado la caída de bombas estadounidenses sobre Irán. Nuestra sociedad se volvió más polarizada, y el “enemigo común” ya no era solo la República Islámica:
desde la oposición reaccionaria pahlavi que en enero llamó a la gente a enfrentarse al fuego de los gobernantes criminales, hasta Israel y a Estados Unidos que, sobre las espaldas y la sangre de nuestra juventud, legitimaron su “guerra, muerte y destrucción”. Hemos pasado de Nika Shakarami, de dieciséis años, asesinada por la República Islámica, a la pequeña Amirali, de cuatro años, muerto por un atentado estadounidense contra una celebración de bodas en Kuhestak: las tumbas se hacen cada vez más pequeñas...
Hacemos un llamamiento a todo el pueblo para que se oponga a este ataque organizado contra la vida y la libertad, ya llevado a cabo mediante las bombas y sanciones del criminal número uno del mundo, EE. UU., o a través de las ejecuciones y prisiones de la República Islámica anti-mujer. Estos son instrumentos de castigo colectivo que las potencias extranjeras y la clase dominante iraní usan, aunque a diferentes escalas, contra el pueblo y en busca de sus propios intereses. Hay que rechazar toda ilusión de que surgirá algo positivo de los planes estadounidenses o de la ‘resistencia’ reaccionaria de la República Islámica. Hoy, construir un movimiento de carácter profundamente radical en Irán depende de comprender esto.
Recordamos a las niñas y niños de Minab, igual que recordamos a Kian, Hadis, Sarina y Jina. Recordamos a las 3.500 personas que murieron en la guerra, igual que recordamos a los miles de muertos en enero. Recordamos a los 3,2 millones de personas desplazadas, y los 2 millones de personas que perdieron su empleo como resultado de la agresión estadounidense en Irán, así como recordamos a los miles encarcelados por alzar la voz en protesta;
cada baluchi que ha sido fusilado, cada persona gay torturada, cada kurdo ejecutado, cada afgano deportado, cada bahá’í y no creyente que ha sido eliminado. Recordamos todo esto no para equiparar los crímenes de Estados Unidos y la República Islámica, sino porque sabemos que no se oponen entre sí y que todo nuestro sufrimiento tiene sus raíces en un solo sistema.
Recordamos la historia de nuestras luchas desde los primeros días de la República Islámica contra el hiyab obligatorio y la represión política. Estamos conectados con las mujeres que, el 8 de marzo de 1357 (1979), en los primeros días tras la Revolución, salieron a las calles y protestaron por la imposición del hiyab obligatorio. Las mismas mujeres que habían luchado contra la monarquía y contra la dominación estadounidense sobre Irán. Esa lucha no ha terminado. Ha continuado en los hogares, universidades, prisiones y calles. Cada vez que una mujer se ha negado a entregar su cuerpo al estado, esa lucha ha continuado. Cada vez que un ser humano ha dicho “no” a la dominación, esa lucha ha continuado.
Y hoy continúa cuando decimos “no” a la agresión y los bombardeos; cuando decimos “no” a las sanciones y a la presión económica; cuando decimos “no” a aplastar la vida de noventa millones de personas en Irán en el campo de batalla de la competencia entre Estados Unidos y China; cuando decimos “no” a las amenazas nucleares del fascista Trump; cuando decimos “no” a convertirnos en “daños colaterales” en proyectos de cambio de régimen; cuando decimos “no” al sistema capitalista imperialista que no tiene nada para la mayoría de la población del mundo salvo la guerra, la muerte y la destrucción;
cuando decimos “no” a las ejecuciones y encarcelamientos; el patriarcado / supremacía masculina, la opresión nacional, la supresión del pensamiento y expresión, y “no” a la República Islámica en su conjunto, incluida su resistencia reaccionaria destinada a obtener concesiones; cuando decimos “no” a su propaganda “antiimperialista” aunque forma parte ella misma de este mismo sistema y ha mantenido nuestras vidas como rehenes de ese sistema y sus crisis.
En el cuarto aniversario de Jina, nuestro único “sí” es a una lucha que pueda poner fin a esta locura, por un futuro determinado por nosotros mismos —no por los intereses de los imperialistas, ya sean China y Rusia o Estados Unidos, ni por sus dependientes, ya sea la República Islámica o Israel—, por la vida, porque merece la pena vivir y luchar por ella.