28 víctimas de la campaña represiva de las autoridades iraníes, enero de 2026. Montaje © Amnistía Internacional
La República Islámica amontonó los cadáveres de las personas que masacró, y luego lo mostró en televisión tanto para intimidar como para justificar el asesinato organizado por el estado de una población enfurecida y agotada por 47 años de opresión y represión implacable. Pero en la mente de la gente, nunca se legitimaron ni los asesinatos de enero de 2017, ni los que tuvieron lugar en noviembre de 2019, ni los del levantamiento de Jina [Mujer, Vida, Libertad de 2022-2023]. Lo que sí obtuvo legitimidad fue la necesidad de un levantamiento para derrocar este régimen — que adquirió dimensiones enormes y asombrosas en enero de 2026. En esta ocasión, sin embargo, los esbirros de [el ayatolá] Jamenei no estaban solos. Los esbirros de [el monárquico Reza] Pahleví también hicieron todo a su alcance para secuestrar la voz del levantamiento del pueblo y utilizar esta masacre como tapadera política y de derechos humanos para darle legitimidad a los ataques militares del fascista Trump y del genocida Netanyahu, que sin duda traerán inimaginables matanzas y destrucción. Que la vergüenza y el odio caigan sobre ellos.
Incluso algunos analistas estadounidenses de menor importancia han calificado de infantiles y desastrosas las órdenes de “guerra” de Reza Pahleví. Pero Pahleví respondió con una sonrisita: “Bueno, es una guerra, y la guerra tiene bajas”, a pesar de que la República Islámica (RII) ha declarado una guerra unilateral contra un levantamiento espontáneo del pueblo.
Si Estados Unidos inicia una guerra contra la República Islámica, en realidad es para suprimir el levantamiento del pueblo y, con el pretexto de defender al pueblo de Irán, promover las políticas internacionales del imperialismo estadounidense. La guerra de Reza Pahleví con la RII es una guerra que vienen librando desde hace años los organismos de seguridad del Mosad [la policía secreta israelí], de Estados Unidos y de otros países de la región contra el aparato de seguridad de la República Islámica. Cualquier movimiento, grupo o voz que encaje en este marco utiliza al pueblo como carne de cañón en estas guerras por parte de los aparatos de seguridad entre fuerzas que son profundamente antipopulares. La alternativa que persiguen ambas partes es sustituir a un régimen teocrático fascista que es antipopular hasta la médula por un régimen fascista “secular" que es antipopular hasta la médula. La República Islámica no tiene límite en cuanto a matanzas y destrucción, ni tampoco lo tienen Israel, Estados Unidos y los grupos bajo su mando.
Nuestro mensaje a los jóvenes mujeres y hombres: durante 47 años, generación tras generación, hemos hecho grandes sacrificios en las guerras contra la RII, y seguiremos haciéndolo. Pero uno de nuestros principios ha sido la independencia política y operativa en esta batalla. Sin una guerra contra la RII, no podremos derrocarla. Sin embargo, para prepararnos para librar semejante guerra, debemos hacer que el levantamiento político contra la República Islámica sea tan generalizado, extenso y firme que sea posible. Para defender esta orientación de “más universal, más amplio y más resiliente”, debemos estar constantemente preparados para asumir nuevos retos y encontrar soluciones que tomen por sorpresa a las fuerzas de represión.
Pero de mayor importancia, el contenido político de nuestra lucha y levantamientos debe expresar las demandas generales de las personas de todos los segmentos de la sociedad que se han clamado y exigido durante los últimos 47 años. Solo así podremos aislar al régimen y, al mismo tiempo, impedir que nuestra lucha sea secuestrada por aquellos que, si bien no forman parte del gobierno, no tienen ninguna diferencia fundamental con la RII.
Las demandas de cualquier levantamiento abarcan las demandas que las personas de todos los sectores de la sociedad han venido planteando durante los últimos 47 años y más, y deben luchar por esas demandas, al mismo tiempo que formen a las personas para que sean tribunos para todos, y para que vivan así. Todo levantamiento debe ser una plataforma para la libertad y la igualdad de hombres y mujeres, una plataforma para la libertad y la igualdad de todas las nacionalidades en Irán, una plataforma para la libertad de los prisioneros políticos y para poner fin de las ejecuciones, para detener el trabajo infantil, para detener la destrucción del medio ambiente, exigir una ruptura completa con la teocracia, exigir un fin del genocidio contra el pueblo de Gaza, exigir que los imperialistas estadounidenses, chinos y rusos saquen sus manos de Irán, para hacer añicos el control de los mandamases sobre el petróleo, la petroquímica, la banca, el agua y la minería. La mayoría de nuestro pueblo sufre estos [horrores], y este mismo sufrimiento muestra la urgente necesidad de derrocar a la RII.
No debemos tratar este levantamiento como si fuera una “guerra”, porque no lo fue. Más bien, nuestra orientación debe ser de tratarlo como una “escuela de guerra”, o en otras palabras, como la preparación política de millones de personas para emprender una lucha de liberación con el fin de establecer nuestro propio estado revolucionario. Debemos convertir este levantamiento en una máquina sembradora por una conciencia de nuestro propio estado diferente —la Nueva República Socialista de Irán— y en una plataforma para concienciar sobre la necesidad y la naturaleza de una guerra revolucionaria. Sin semejante guerra, ni podremos romper la columna vertebral de las fuerzas armadas de este régimen ni cortar las manos de las potencias mundiales que hoy compiten sobre la manera de despedazar a Irán, a fin de sacar su propio provecho.
En el mundo de hoy, solo puede darse un tipo de guerra justa, y esa es una guerra por una revolución para crear una sociedad sin clases y diferencias sociales. Cualquier guerra iniciada por Israel y Estados Unidos y sus fuerzas afiliadas, como los golpeadores de [Reza] Pahleví, tendrá como objetivo el de fortalecer el dominio de las clases capitalistas en Irán, lo que enterrará las demandas y aspiraciones del pueblo por un mundo mejor, y utilizará al pueblo como carne de cañón para ser consumido y luego arrojado al vertedero.
El Partido Comunista de Irán (marxista leninista maoísta) ha forjado el camino y la estrategia de una guerra revolucionaria para una revolución en Irán, y actualmente la está revisando y desarrollándola. Vivimos en una situación crítica muy diferente a la anterior. Ahora más que nunca, las masas de personas necesitan comprender el carácter emancipador de semejante guerra.
En el futuro publicaremos un resumen de los principios de esta estrategia.