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RESPONDIENDO A IDEAS IGNORANTES Y ESTÚPIDAS

Segunda parte 

En la Primera parte, refuté la idea ignorante y estúpida de que no existe la verdad objetiva, y de que ni siquiera es posible conocer lo que es verdad.

En esta Segunda parte, abordaré la siguiente verdad crucial con fundamentación científica — y responderé a la ignorancia y la estupidez comunes y ampliamente difundidas que se le oponen: Únicamente con el poder estatal socialista revolucionario es posible de hecho que exista, se mantenga y avance una sociedad verdaderamente emancipadora hacia el objetivo fundamental de abolir y arrancar de raíz la explotación y la opresión en todas partes, mediante la realización del comunismo en todo el mundo.

En estos días, entre las fuerzas que se consideran de “de izquierda” o “progresistas”, es un “artículo de fe” ampliamente sostenido de que todas las dictaduras son, por su propia naturaleza, malas, y que la (única) alternativa positiva es la “democracia”. Más concretamente, los anarquistas insisten vehementemente en que el poder estatal —el ejercicio del poder institucionalizado sobre la sociedad por parte de cualquier parte de la sociedad— es, por su propia naturaleza, dictatorial y, por lo tanto, opresivo, y que el objetivo debe ser eliminar (o “destrozar”) el estado por completo.

Estos argumentos son falsos y reflejan una ignorancia fundamental (o un desconocimiento deliberado) de una realidad crucial: no comprenden científicamente (o se niegan a reconocer la verdad científicamente establecida respecto a) las relaciones básicas en la sociedad, las perspectivas de una sociedad verdaderamente emancipadora, y lo que se requiere para crearla.

Para empezar a responder a esto, cabe señalar que todos los estados —todas las formas de poder estatal, incluidas las “democráticas”— son dictaduras. Contrariamente a los prejuicios populares —que se refuerzan constantemente mediante la constante difusión de propaganda engañosa por parte de los grandes medios de comunicación y otros medios para crear opinión pública bajo este sistema—, la “democracia” en la sociedad capitalista es, y solo puede ser, una forma de la dictadura de la clase capitalista. Esto implica el monopolio del poder político, por parte de la clase capitalista y sus representantes políticos — y, como expresión concentrada de este, el monopolio de la fuerza armada y la violencia “legítimas”. Se basa en, y refuerza, la dominación de la economía por la clase capitalista, y en particular su propiedad y control de los grandes medios de producción (incluidas la tierra, las materias primas y otros recursos, la tecnología, las estructuras físicas como las fábricas, etc.) y su explotación de las masas de personas que no poseen estos medios de producción. (Este tema se aborda en varias obras mías, entre ellas el “Preámbulo” de la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, el artículo La Constitución de los Estados Unidos: Una visión de libertad según los explotadores; y mi reciente obra LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO: ¿Una marcha forzada hacia el abismo, o forjar una salida a la locura? — todas las que están disponibles en revcom.us).

La verdad sencilla y básica es la siguiente: dondequiera, y mientras, una sociedad se caracteriza por divisiones antagónicas, habrá una dictadura de la clase que ocupa la posición dominante respecto a la forma en que se producen y distribuyen los medios de vida, y la riqueza de la sociedad. (Las divisiones sociales antagónicas se refieren a una situación en la que los intereses básicos de una parte de la sociedad requieren la supresión fundamental de los intereses básicos de otras partes de la sociedad. Esto ocurre en todos los sistemas basados en la explotación, incluido el capitalismo así como la esclavitud — y, de forma fundamentalmente distinta, también en la sociedad socialista, en la que se suprimen e impiden los intentos de una parte de la sociedad por explotar a otras, y se critica y lucha en contra de la mentalidad explotadora correspondiente).

Lo que es igualmente cierto, y lo que es igualmente importante que entender, es que no todas las dictaduras son iguales — ni todas son malas.

En el “Preámbulo” de la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de mi autoría, se explica esta verdad fundamental y esencial: existe una profunda diferencia entre el poder estatal capitalista, la dictadura de la burguesía (clase capitalista), que refuerza el dominio del capitalismo-imperialismo con todas sus terribles relaciones de explotación y opresión y terribles consecuencias para la humanidad — y, por otro lado, el poder estatal socialista, la dictadura del proletariado, la clase explotada bajo el capitalismo, que tiene por objetivo eliminar y arrancar de raíz la base de toda explotación y opresión, y de crear un mundo comunista sin divisiones ni antagonismos de clase, sin guerras ni la devastación ambiental que requiere el capitalismo, a pesar de la realidad de que este suponga un peligro creciente para la existencia de la civilización humana. (Un análisis, a fondo, de por qué y cómo el capitalismo requiere e impone estas terribles relaciones y consecuencias se encuentra en un artículo de Raymond Lotta sobre la fuerza impulsora de la anarquía en el sistema capitalista, en la e-revista teórica Demarcations, número 3*.) 

El anarquismo, como teoría política, por lo general reconoce la naturaleza opresiva del poder estatal capitalista — pero también insiste en general en que, tras derrocar (o “destrozar”) el estado capitalista, se debería eliminar todo tipo de poder estatal. Esta noción es (“en su mejor versión”) sumamente ingenua. En el plano más evidente: si, tras el derrocamiento del capitalismo, no se establece ni se ejerce un nuevo poder estatal socialista —si no existe una fuerza concentrada y centralizada capaz de darle respaldo efectivo a lo que deben ser (y no ser) las relaciones económicas y sociales dominantes, y las correspondientes instituciones, y los principios y las normas políticos y legales—, pues será muy fácil para los capitalistas derrocados destruir por la fuerza el intento de construir una nueva sociedad emancipadora y restablecer el sistema capitalista explotador y opresivo. Al fin y al cabo, junto con los recursos de diversa índole que les queden, los capitalistas derrocados seguirán manteniendo importantes conexiones con otras fuerzas reaccionarias, algunas de ellas muy poderosas, tanto dentro del país como a nivel internacional. Las ideas reaccionarias y la “fuerza de la costumbre” del sistema capitalista derrocado ejercerán, durante algún tiempo, una influencia residual importante sobre la sociedad en su conjunto.

En pocas palabras, lo que debería ser obvio para cualquiera que piense con seriedad sobre esto: sin el poder estatal socialista, incluidas unas poderosas fuerzas armadas revolucionarias, cualquier intento de construir una nueva sociedad, con el objetivo de superar la explotación y la opresión, será rápidamente ahogado en sangre.

Más allá de esta realidad más inmediata y terrible, existe el hecho de que, en lo que respecta a los cimientos mismos de la sociedad —el sistema económico—, sin la propiedad socialista centralizada de los medios básicos de producción, y sobre esa base una planificación integral para el desarrollo de la economía, las relaciones de mercancías que caracterizan a la sociedad capitalista volverán a surgir rápidamente e impulsarán a la sociedad de nuevo hacia el capitalismo como sistema dominante.

(Una mercancía es algo que se produce para ser intercambiado, no para ser usado por quien la produce. Veamos un ejemplo conocido mío: si preparas galletas con chispas de chocolate a fin de comerlas, esas galletas no son mercancías; pero si las preparas a fin de venderlas, son mercancías. Bajo el capitalismo, se generalizan la producción e intercambio de mercancías — este es el mecanismo mediante el cual se producen y distribuyen bienes y servicios en la sociedad capitalista. El valor de cambio de las mercancías se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesario que se invierte en su producción. Además, y esto es muy importante, con el sistema de propiedad capitalista de los medios de producción, la fuerza de trabajo misma, la capacidad de trabajar, se reduce a una mercancía, y la explotación de la fuerza de trabajo es la fuente de las ganancias capitalistas**.)

En el mundo tal como existirá durante algún tiempo a medida que se vayan creando las sociedades socialistas, mediante la revolución, si bien estas sociedades socialistas tendrán una necesidad de seguir avanzando hacia la eliminación final de las relaciones de mercancías, durante algún tiempo no será posible eliminar por completo estas relaciones (y el papel correspondiente del dinero, en alguna forma), y estas relaciones de mercancías que queden tendrán una influencia importante. En tal situación, sin una orientación centralizada —sin la propiedad estatal de los medios de producción y una planificación en toda la sociedad sobre ese base, sin la capacidad de reglamentar centralmente las relaciones entre los distintos sectores y unidades de la economía, incluida la base para restringir la influencia de las relaciones de mercancías—, los diferentes sectores y unidades de la economía, cada uno con sus propias necesidades y costos, entrarían en conflicto significativo entre sí, y serían compelidos a recurrir al papel regulador de las relaciones de mercancías. Esto, como parte de la anarquía resurgente de las relaciones económicas en la sociedad en general, socavaría las bases para el socialismo y generaría un poderoso impulso para la restauración del capitalismo.

Los aportes y la iniciativa de las masas de personas, en todos los niveles y en todos los ámbitos de la sociedad, son una parte importante de la planificación y el desarrollo de una auténtica economía socialista (y de la sociedad socialista en su conjunto); y, en un sentido fundamental, las masas de personas en su conjunto deben decidir en común el rumbo del desarrollo de esta sociedad. Pero, al mismo tiempo, en mi artículo Poner fin a la explotación y a toda opresión se encuentra el siguiente análisis esencial:

Cuando se dice que los objetivos “se han decidido en común”, se refiere a un proceso general que abarca, por un lado, formas de masas para que la gente discuta y debata directamente estos objetivos, y la manera de alcanzarlos, y unas elecciones a varios niveles de la sociedad, hasta el nivel del gobierno central, por medio de las cuales las personas puedan hacer aportes a las grandes cuestiones relacionadas con el desarrollo de la economía y la sociedad en general. Si bien parte de esto ocurrirá al nivel de las unidades económicas e instituciones básicas de la sociedad (por ejemplo, las escuelas así como los centros de trabajo), todo se aportará a los diferentes niveles de gobierno, hasta el gobierno central para la sociedad en su conjunto. Por medio de este proceso general —y no al nivel de las fábricas u otros centros de trabajo o instituciones particulares— se tomarán las decisiones finales relativas a los objetivos, y los medios para alcanzar los objetivos, con respecto al desarrollo de la economía y la sociedad en su conjunto. Si bien los aportes desde los niveles básicos de la sociedad son una parte necesaria y crucial de este proceso, si la toma de decisiones se deja al nivel de las unidades económicas particulares u otras partes particulares de la sociedad —en lugar de que las tomen en última instancia las instituciones de gobierno de la sociedad en su conjunto, aprovechando los aportes de toda la sociedad—, pues el resultado será que las necesidades e intereses de las diferentes partes particulares de la sociedad entrarán en conflicto entre sí, se socavarán los intereses comunes más amplios de las personas, y la sociedad será afectada llevando de regreso por el camino de volver a un sistema basado en la explotación.

Lo que se necesita es un plan general para los objetivos, y los medios para alcanzar los objetivos, para la sociedad en su conjunto, en el que todas las diferentes partes de la sociedad tengan un grado importante de participación, y tomen iniciativas significativas, dentro de este marco y plan generales. Y la pauta para que este plan encarne y promueva relaciones que no sean explotadoras, pero sí emancipadoras, es que contribuyan a ampliar continuamente la libertad de los seres humanos de modo que se alejen de la mera lucha por la supervivencia, así como de las relaciones opresivas***.

Todo esto pone de manifiesto por qué es crucial establecer y mantener el poder estatal socialista, no solo para prevenir la destrucción de la nueva sociedad socialista emancipadora, sino también, y de manera más fundamental, para continuar con el avance hacia el establecimiento de las condiciones (económicas, sociales, políticas, culturales — e internacionales) que marcarán, y posibilitarán, la realización del comunismo en todo el mundo.

Únicamente con la realización del comunismo a nivel mundial —con la eliminación de todas las relaciones económicas de explotación, todas las relaciones sociales y políticas de opresión, y la transformación de la cultura, incluida de la moral imperante, en consonancia con estas transformaciones fundamentales, en todo el mundo— únicamente en tal momento dejará de existir la necesidad, o una base, para un estado, como la expresión de las divisiones sociales y de clase antagónicas entre los seres humanos y el ejercicio de la dictadura por parte de la clase que ocupa la posición superior fundamentalmente como resultado de su dominación sobre la economía.

El establecimiento y el ejercicio continuo del poder estatal socialista constituyen un medio crucial e indispensable para crear las condiciones que posibiliten la abolición definitiva de dicho poder estatal, y de un estado (una dictadura) en cualquier forma.

Al mismo tiempo, existe la siguiente realidad (que se ha demostrado agudamente con la restauración del capitalismo en la China anteriormente socialista, y en lo que fue la Unión Soviética): a lo largo de la transición hacia el objetivo final del comunismo, a nivel mundial, los vestigios de la explotación capitalista y la desigualdad social, junto con las formas de pensar correspondientes, seguirán existiendo y ejerciendo una influencia importante dentro de la propia sociedad socialista — y esto, aunado a la continua existencia de estados imperialistas y otros estados reaccionarios, plantea la posibilidad de una revocación del socialismo, y la restauración del capitalismo, al interior de los países (anteriormente) socialistas.

Por todas estas razones, es necesaria la continua transformación revolucionaria de la propia sociedad socialista, en el contexto de la lucha internacionalista general por el objetivo final del comunismo, a nivel mundial.

A partir de un resumen científico de la experiencia, mayoritariamente positiva —aunque también, en algunos aspectos significativos, negativa— de la sociedad socialista, en la Unión Soviética de 1917 a 1956, y en China de 1949 a 1976, y al sacar lecciones de una amplia gama de actividades humanas, he desarrollado una nueva síntesis del comunismo (conocida popularmente como el nuevo comunismo), la cual encuentra una expresión concentrada en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte. Los resúmenes de partes importantes de esta Constitución están contenidos en la declaración: Necesitamos y Exigimos: Una forma completamente nueva de vivir, un sistema fundamentalmente diferente (que está disponible en revcom.us). Y existe la siguiente verdad básica:

Es un hecho que no existe en ningún otro lugar, en ningún documento de fundación o guía real o propuesto de ningún gobierno, nada que se parezca no sólo a las protecciones sino a las disposiciones para el disentimiento y la efervescencia intelectual y cultural que están encarnadas en esta Constitución [para la Nueva República Socialista en América del Norte], mientras que ésta tiene, en su núcleo sólido, una cimentación en la transformación socialista de la economía, con el objetivo de abolir toda explotación, y la correspondiente transformación de las relaciones sociales e instituciones políticas, para arrancar de raíz toda la opresión, y la promoción, por medio del sistema educativo y en la sociedad en su conjunto, de una orientación que [para citar la Constitución] “habrá de capacitar a las personas en buscar la verdad dondequiera que ésta conduzca, con un espíritu de pensamiento crítico y curiosidad científica y de esta manera aprender continuamente acerca del mundo y estar mejor capacitadas para contribuir a cambiarlo en conformidad con los intereses fundamentales de la humanidad” [fin de la cita de la Constitución]. Todo esto desencadenará y desatará una tremenda fuerza productiva y social de seres humanos con la capacidad e inspiración de trabajar y luchar juntos para satisfacer las necesidades fundamentales de la gente —con transformar la sociedad de manera fundamental y con apoyar y ayudar a la lucha revolucionaria por todo el mundo—, hacia el objetivo final de un mundo comunista, sin toda explotación y opresión, mientras que al mismo tiempo aborde la crisis ambiental y ecológica verdaderamente existencial, con sentido y de manera integral, lo cual es imposible hacer bajo el sistema del capitalismo-imperialismo****.

PRÓXIMAMENTE: Una serie sobre La Declaración de Independencia de Estados Unidos (y cuestiones relacionadas): Inventos y tergiversaciones de la realidad y la historia — al servicio de atrocidades reales y reiteradas.

Después de eso: Por qué las personas negras se alistaron masivamente en el Ejército de la Unión durante la Guerra Civil... y qué relación eso guarda con la actualidad.

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NOTAS:

*El título completo de este artículo de Raymond Lotta, publicado en el número 3 de la revista Demarcations, es: “Sobre la ‘fuerza impulsora de la anarquía’ y la dinámica del cambio, Un agudo debate y urgente polémica: La lucha por un mundo radicalmente diferente y la lucha por un enfoque científico de la realidad”. [volver]

**La naturaleza de las mercancías y las consecuencias de la producción e intercambio capitalista de mercancías —incluida, de manera muy importante, la explotación de la fuerza de trabajo como mercancía— también se examinan en mi artículo Mercancías y capitalismo — y las terribles consecuencias de este sistema, Una explicación básica, que está disponible en revcom.us. [volver]

***Lo que se cita arriba, extraído de Poner fin a la explotación y a toda opresión, proviene de las notas 4 y 5 de dicho artículo (el cual está disponible en revcom.us). Lo siguiente, también extraído de ese mismo artículo, resulta pertinente e importante:

Para poner fin a la explotación, es necesario poner fin a las condiciones en las que se basa la explotación. Y esto requiere una transformación radical y cabal de la sociedad y, en última instancia, del mundo en su conjunto. Requiere, como primer gran salto, derrocar el sistema económico y político del capitalismo, y hacer nacer su reemplazo por un sistema socialista, el que actuará para abolir las bases de la explotación. En el ámbito fundamental de la economía (el modo de producción), esto requiere que se expropie a los explotadores capitalistas: poner fin a la propiedad y el control de los medios de producción por parte de los capitalistas (tierra, materias primas, fábricas, maquinaria y otras tecnologías utilizadas en la producción), convertir estos medios de producción en la propiedad común de la sociedad, utilizada por el gobierno socialista, de manera planificada, al servicio de los intereses de las masas de personas que han creado estos medios de producción, mediante su trabajo colectivo (aunque a su vez ese trabajo se había llevado a cabo bajo condiciones de explotación por los capitalistas).

Pero, por mucho que se trate de un paso crucial —y, en un sentido real, histórico—, es solamente el comienzo. Sigue siendo cierto que, para que la sociedad funcione, y satisfaga las necesidades de la gente (necesidades materiales básicas, pero también necesidades políticas, sociales, intelectuales y culturales) sobre una base en continua expansión, es necesario que el trabajo productivo se lleve a cabo, como base de todo ello. Para eliminar la explotación, es necesario transformar el carácter de ese trabajo. Tiene que convertirse en un trabajo que no sea explotador ni alienante para quienes lo realizan.

Hay una diferencia profunda y fundamental entre una fuerza que está por encima de ti que te compele a trabajar duro —en un sentido concreto, te dicta— y, por otro lado, trabajar duro junto con tus seres queridos, amigos y camaradas para lograr las metas las que hayan desarrollado y acordado en común. Muchas personas han experimentado esta diferencia en su vida cotidiana. Viéndolo al nivel de un país y, en última instancia, del mundo entero, esta es la diferencia profunda y fundamental entre vivir bajo un sistema basado en la explotación, tal como el capitalismo, y vivir en un sistema cuyo objetivo es eliminar la explotación, y todas las relaciones opresivas que van de la mano con la explotación.

Para plasmar esta transformación histórica, hay que transformar el carácter del trabajo y de las relaciones en las que se lleva a cabo el trabajo (las relaciones de producción), junto con la transformación del carácter de la sociedad en su conjunto (y como base de dicha transformación)Para que cualquier sociedad dada siga funcionando, se tiene que producir un excedente — más allá de lo que la gente necesita para satisfacer los requisitos esenciales para la vidaUna diferencia fundamental entre un sistema explotador y un sistema no explotador se halla en la forma en que se crea ese excedente, la forma en que se utiliza y la forma en que se toman las decisiones al respecto.

En una sociedad socialista, la gente tiene empleo garantizado y, en ese sentido, la lucha individual por la supervivencia se ha convertido en algo del pasado — ya no es algo por lo que la gente tiene que estar ocupada o algo por lo que preocuparse. Pero, más allá de eso, hay que utilizar el excedente que se cree en esta sociedad socialista para ampliar continuamente la base para satisfacer las necesidades generales del pueblo, inclusive en los ámbitos de la educación, la cultura y así sucesivamente; hacer frente a los desastres naturales y actuar como guardianes del medio ambiente; defender al país socialista contra los ataques —y, de manera crucial, proporcionar una base material en expansión para la lucha por eliminar y arrancar de raíz las relaciones de opresión al interior del país y apoyar la lucha revolucionaria en el mundo en general—, y al mismo tiempodejar algo para las generaciones del futuro. Así que, una vez más, la cuestión decisiva es: ¿cómo, en cuáles condiciones, se produce ese excedente, y para cuáles fines se utiliza?

Para avanzar más allá de un sistema basado en la explotación, no sólo hay que eliminar la propiedad privada de los medios de producción por parte de capitalistas en competencia, y reemplazarla por la propiedad socializada en manos de la sociedad en su conjunto, sino que hay que superar las divisiones opresivas características de la vieja sociedad explotadora. Esto incluye la división entre el trabajo intelectual y el trabajo manual — las relaciones desiguales entre aquellos cuyo trabajo en esencia es intelectual (trabajo intelectual) y aquellos que llevan a cabo un trabajo que en esencia es físico (trabajo manual). También incluye relaciones raciales, sexuales y de género opresivas, y otras divisiones que contienen la base para la opresión y los antagonismos entre diferentes partes de la sociedad. Todo esto está integrado en el capitalismo, y en otros sistemas basados en la explotación. Y para poner fin a la explotación, hay que transformar todo esto. A la vez, las masas de personas deben participar, de manera cada vez más consciente, en la determinación de los objetivos y en la planificación para alcanzarlos, en el desarrollo de la economía y de la sociedad en general, no sólo con el país en particular en mente, sino con la orientación fundamental de contribuir a la transformación del mundo en su conjunto, hacia el objetivo final del comunismo, con la abolición de toda explotación y opresión en todas partes. [volver]

****Esta declaración relativa a la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte puede encontrarse en (entre otras obras): LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO: ¿Una marcha forzada hacia el abismo, o forjar una salida a la locura? [volver]

 

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