Se rocía agua sobre tanques que se sobrecalentaron en una planta aeroespacial en Garden Grove, California, 22 de mayo de 2026. Foto: AP Foto/Ethan Swope
Se está desenvolviendo una crisis química peligrosa en Garden Grove, una ciudad densamente poblada de 170 mil residentes mayormente asiáticos y latinos en el Condado de Orange, California. En una instalación de GKN Aerospace en la Avenida Western, un tanque con aproximadamente 7 mil galones de metacrilato de metilo —una química peligrosa y altamente inflamable que se usa en plásticos y acrílicos— empezó a sobrecalentarse y emitir vapores. Las autoridades advirtieron que el tanque podría romperse, derramar o incluso explotar. Al estimar los oficiales el radio de la explosión potencial, la alarma se propagó en el Condado de Orange. Muchas personas enfrentan la posibilidad de no tener una casa segura a la cual regresar, si la situación se deteriore más. Órdenes de evacuación han afectado unas 50 mil personas en Garden Grove y lugares cercanos, entre ellos partes de las ciudades vecinas de Cypress, Stanton, Anaheim, Buena Park, y Westminster. Con el trasfondo del peligro, los parques temáticos cercanos de Knotts Berry Farm y Disneylandia seguían llenos de turistas y residentes locales durante el fin de semana festivo del Día de los Caídos, y en la propia ciudad de Garden Grove, el popular Festival de la Fresa se celebró sin interrumpirse. Mientras tanto, equipos de emergencia han trabajado desde el jueves 21 de mayo para enfriar el tanque, monitorearlo por drones e implementar medidas de contención en el caso de un derrame de la química.
Evacuados por la fuga en el tanque en la planta química GKN van a un albergue, 22 de mayo de 2026. Foto: AP/Ethan Swope
En el momento de escribir el presente, no se han reportado lesiones, y los oficiales dijeron que el monitoreo del aire no había detectado contaminación extendida, pero muchas personas han reportado irritación y enfermedad que creen que estén relacionados con la fuga química, y la evacuación ha turbado la vida de decenas de miles de personas, la mayoría de clase obrera y gente de color.
Probablemente se tardará para que se descubra toda la cadena de causas: qué falló exactamente, quién sabía de qué, cuáles decisiones de mantenimiento o gerencia contribuyeron, qué papel desempeñó la supervisión reglamentaria, o la extensión del daño que las personas quizá sufran en ingresos caídos, el estrés físico y mental del desplazamiento, efectos sanitarios de corto y largo plazo, o daños a las propiedades. Pero ya es muy claro lo siguiente: una región densamente poblada y mayormente pobre e inmigrante del Condado de Orange fue obligado a vivir, de la noche a la mañana, con las consecuencias de un proceso industrial peligroso controlado por una gran corporación aeroespacial global.
En Estados Unidos, durante mucho tiempo las fábricas tóxicas y la contaminación proveniente de corredores industriales se han concentrado en comunidades de los oprimidos: especialmente las de negros, latinos, indígenas, inmigrantes, de bajos ingresos y de clase trabajadora. El fenómeno se conoce popularmente como el racismo medioambiental: un proceso continuado arraigado en la supremacía blanca e integrado en el funcionamiento del capitalismo-imperialismo en Estados Unidos. En la manera en que Estados Unidos se ha formado por medio del genocidio, la esclavitud, la segregación, redlining [la negación de hipotecas a comunidades negras], la ubicación de carreteras, y otras formas más sutiles, las consecuencias más graves siempre las han sufrido los oprimidos.
El Condado de Orange se conoce por sus playas de arena, zonas residenciales de plan maestro, parques temáticos, centros comerciales y sol. Pero zonas del norte y centro del Condado de Orange también albergan densas comunidades de la clase obrera, inmigrantes, vietnamitas, latinos, coreanos, árabes, negros, blancos y multinacionales. Al dispararse las rentas año tras año, cada vez más personas viven de quincena en quincena. Muchas no pueden fácilmente evacuar, faltar en el trabajo, pagar un hotel, recibir atención médica o navegar en inglés los sistemas de emergencia. Ante la fuga química, miles están apiñadas en albergues establecidos apuradamente por las autoridades.
GKN Aerospace no es una operación marginal. Se describe como “un líder aeroespacial mundial” y reporta £3.6 miles de millones en ventas en 2025, 16.000 empleados, operaciones en 12 países y 32 sitios manufactureros. Es una parte clave de Melrose Industries, una importante empresa británica de defensa y aeroespacial. La planta en Garden Grove es un nodo en una cadena mundial de producción de alta tecnología integrada con la aviación comercial así como cadenas de suministro para las fuerzas armadas del bloque imperialista de Estados Unidos y la OTAN.
Qué revela sobre el sistema del capitalismo-imperialismo
GKN Aerospace, sitio de la fuga química en Garden Grove, California, el 22 de mayo de 2026. Foto: AP/Ethan Swope
Dentro de corporaciones como Melrose, se controla estrechamente la producción. Supervisan los inventarios y a los empleados hasta el último detalle, imponen fechas de entrega, miden químicas y optimizan cadenas de suministro. Pero dicha organización existe dentro de una anarquía más amplia. Al competir los distintos capitales unos contra otros, cada uno es obligado por la lógica de “expandirse o morir” a sacar ventaja contra sus competidores, reduciendo costes, saltándose reglamentos y afianzando mercados. Nadie sabe quién quedará en “la cima” ni tampoco si su empresa particular podrá recuperar tan siquiera la capital que ha invertido en la producción. Esto conlleva, además de la frialdad de los cálculos requeridos, un enorme desperdicio de recursos y potencial humano. Y nadie está planeando conscientemente la producción desde el punto de vista de las necesidades de la humanidad ni la protección de los preciosos ecosistemas de la Tierra.
En un nivel, una empresa aeroespacial global (o empresas dentro de otros sectores de la economía globalizada) puede planear con precisión extraordinaria. En otro nivel más determinante, no hay planificación en la sociedad en conjunto en torno a cuestiones básicas como: ¿Cuál producción se necesita de verdad, y sobre cuál base se producirá? ¿Cuáles materiales se pueden eliminar, reducir o limitar estrictamente debido al daño que hacen a las personas y el medioambiente? ¿Cómo desarrollamos la tecnología y las industrias necesarias para el desarrollo de la sociedad humana, tanto en la esfera material como la cultural, al mismo tiempo que equilibramos esto con las necesidades de la Tierra y de generaciones del futuro? ¿Cómo superamos los legados horrorosos de la supremacía blanca y el racismo medioambiental, al cumplir todo eso?
El capitalismo-imperialismo no puede responder a estas preguntas de una manera que favoreciera nuestros intereses. Subordina los intereses de la humanidad a la anarquía capitalista. Por esta razón esencial, como lo señal Bob Avakian en su reciente presentación importante, LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO: ¿Una marcha forzada hacia el abismo, o forjar una salida a la locura?, la perspectiva del “hundimiento” —no solo de las clases en pugna y de las fuerzas sociales, sino de la humanidad en su conjunto— es una perspectiva terrible y real, como resultado del confinamiento de la humanidad dentro de las terribles relaciones y dinámicas del sistema que domina el mundo, el sistema del capitalismo-imperialismo.
Desastres como lo que se desenvuelve en Garden Grove no son anomalías, incluso si el desencadenante inmediato quizá sea un mal funcionamiento o error humano (y se debe notar que se desconoce las causas exactas de la fuga en GKN en este momento). El problema más a fondo es el modo de producción basado en la explotación y la opresión, que socializa el riesgo y concentra el poder y el control en manos de los capitalistas en competencia.
Debe completarse una investigación cabal. Se debe obligar a GKN Aerospace a divulgar lo que ocurrió, lo que la compañía sabía, cuáles sistemas de seguridad fallaron, y cuáles riesgos fueron impuestos sobre las comunidades adyacentes. Las personas necesitan compensación, apoyo de albergue, información multilingüe (muchos residentes de Garden Grove hablan vietnamés, coreano o español), seguimiento médico si hay posible exposición, y la rendición de cuentas por negligencia o violaciones reglamentarias.
Pero las reformas y la reglamentación bajo el capitalismo no superan el carácter básico de la producción capitalista. Esta establece límites al mismo tiempo que sigue operando bajo el marco descrito arriba. Además, incluso estas protecciones limitadas ahora están bajo ataque.
En marzo de 2025, la EPA [Agencia de Protección Ambiental] del régimen de Trump anunció “la acción de desregulación más grande en la historia de Estados Unidos”. El administrador Lee Zeldin declaró 31 acciones con objeto de implementar las órdenes ejecutivas de Trump y la campaña “Potenciar la gran remontada estadounidense”. La EPA también ha dado pasos para reconsiderar las reglas del Programa de Gestión de Riesgos — regulaciones para prevenir fugas catastróficas de químicas, incendios y explosiones en plantas que manejan sustancias peligrosas.
El fascismo de Trump y MAGA viene triturando las protecciones medioambientales con un desprecio descarado hacia las personas (especialmente los negros y la gente de color en Estados Unidos, y los países del “tercer mundo”) y el planeta. Aunque es necesario combatir eso vigorosamente, la realidad es que el problema subyacente no empezó con Trump. Bajo este sistema, las protecciones medioambientales son parciales, disputadas, reversibles, y siempre subordinados a las “necesidades” del imperialismo. Miren lo que ocurrió bajo la administración liberal “iluminada” de Barack Obama, que levantó una moratoria de décadas de duración sobre la excavación petrolera en el mar en Alaska y el este del Golfo de México. A menos de dos años de iniciarse su mandato, el Desastre Petrolero de BP en el Golfo de México devastó ecosistemas en lo que se considera el peor desastre ecológico en la historia de Estados Unidos. Como detalla el Crimen Yanqui Caso #63, la administración de Obama es culpable “por encubrir el tamaño del derrame, por menospreciar los datos científicos sobre los efectos a largo plazo del desastre, y por la supresión de la cobertura mediática y los estudios científicos. También se empeñó en apagar la ira pública y disuadir iniciativas de base para reparar la destrucción. La administración nunca desenmascaró las mentiras de BP y su encubrimiento, y siguió permitiendo que BP permaneciera a cargo de los intentos por tapar el pozo y mitigar el daño”.
La alternativa revolucionaria: Planificación socialista y desarrollo sustentable
En la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de la autoría de Bob Avakian, tenemos un marco concreto para una sociedad radicalmente diferente: una sociedad socialista en que se planifica de manera consciente la economía para satisfacer las necesidades sociales, superar la explotación y opresión, contribuir a la emancipación de la humanidad a nivel mundial y proteger los ecosistemas del planeta.
Una sociedad socialista revolucionaria necesitaría niveles avanzados de la industria, la ingeniería, la medicina, la química, el transporte y la infraestructura. Enfrentaría decisiones difíciles, entre ellas sobre los materiales peligrosos y la producción compleja. Pero abordaría estas contradicciones desde un marco completamente diferente a lo que es posible bajo el capitalismo.
Ya no se subordinaría la producción a los capitalistas en competencia y la rivalidad imperialista. Se desencadenaría la ciencia para servir al pueblo. Se evaluaría el desarrollo económico, no por su rentabilidad sino por su contribución a la humanidad y al planeta, y su ayuda a la superación de las heridas de esta sociedad opresiva. Se tendría que luchar conscientemente contra el legado del racismo medioambiental, priorizando la reparación de daños en las comunidades oprimidas, por medio de “elevar la condición de los más necesitados”.
Eso es el mundo que necesitamos, y en aras de hacerlo realidad necesitamos echarle ganas duro. Vea: Necesitamos y Exigimos: Una forma completamente nueva de vivir, un sistema fundamentalmente diferente.