La guerra para la que Trump y los imperialistas estadounidenses desesperadamente buscan “buenas opciones” de victoria es una guerra de agresión imperialista totalmente injusta.
Explosión de tres drones de ataque unidireccionales estadounidenses en el puerto de la base naval de Bandar Abbas, Irán, 12 de julio de 2026.
“Estoy considerando un ataque masivo. Más grande que nunca. Estoy cerca de tomar una decisión. Estamos todos preparados”, dijo Trump a Axios.com el 23 de julio.
Al día siguiente se reunió con su “consejo de guerra” del viernes por la noche. Posteriormente, Trump dejó de lado sus planes para un “ataque masivo”, pero no anunció un nuevo plan de acción.
Estados Unidos ha suspendido sus bombardeos diarios por el momento. Irán ha declarado que hará lo mismo mientras Estados Unidos lo haga.
Trump y su régimen ya están aprovechando esta decisión para que parezca razonable la actuación de Estados Unidos, dado que continúan las “conversaciones” de bajo nivel. Razonable, en términos de gánsteres: Trump afirma que Estados Unidos tiene “las armas cargadas” y preparados para “destruirles todo”.
Esto no es mero teatro político. El régimen de Trump se enfrenta a la realidad de que ha creado una nueva y muy peligrosa necesidad: problemas graves en los que todas sus opciones podrían acarrear importantes reveses o algo peor.
Riesgos estratégicos para el imperialismo estadounidense
Trump y su equipo fascista discutieron tres opciones: “escalada militar, bloqueo económico o declarar la victoria y retirarse”. Según se informa, ninguna les agradaba.
1. Declarar la victoria y retirarse. Trump y Estados Unidos renunciarían esencialmente a los objetivos que se propusieron al iniciar la guerra: eliminar la capacidad nuclear de Irán y cambiar el régimen iraní por uno favorable a Estados Unidos. Esto podría significar aceptar los términos de un acuerdo firmado en junio entre Trump y el régimen iraní que cede terreno a Irán. Entre otras cosas, otorga a Irán una influencia significativa en el control del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz. Irán no tenía esta influencia antes de la guerra, y otorgársela ahora sería una señal de debilidad, lo que representaría una derrota estratégica extremadamente significativa para Estados Unidos.
El USS Rafael Peralta bloquea e impide el paso de un barco de bandera iraní. Foto: USNavy
La escalada de la guerra podría agotar las ya mermadas reservas estadounidenses de interceptores antimisiles Patriot, como estos en Varsovia, Polonia, el 6 de febrero de 2023. Foto: AP
2. Bloqueo económico. Estados Unidos ya lo está haciendo con escaso efecto visible, y cuanto más se prolongue el actual estancamiento entre guerra y paz, mayor será el daño a la economía mundial y a muchos millones de personas, sin que se vislumbre una solución clara. (Véase el recuadro abajo).
3. Escalada militar. Estados Unidos podría optar por una escalada radical y buscar una victoria decisiva, pero eso probablemente requeriría una invasión terrestre. Dicha invasión no tendría garantía de éxito, sino que conllevaría la alta probabilidad de sufrir pérdidas significativas y la posibilidad real de una rotunda derrota, además de daños masivos a los aliados estadounidenses en la región debido a las represalias iraníes, y con muy poco apoyo público en Estados Unidos en la actualidad. Trump y sus asesores estaban muy preocupados de que una escalada importante de la guerra pudiera “agotar peligrosamente las ya mermadas reservas del Pentágono de interceptores antimisiles Patriot y otras municiones de defensa aérea en Medio Oriente”, según el New York Times. Finalmente, y esto es importante, el agotamiento del armamento también dejaría a Estados Unidos menos preparado para cualquier confrontación con sus rivales imperialistas en China y Rusia. En el presente artículo no nos adentraremos en la aún más horrible muerte y destrucción que esto infligiría a millones de iraníes, que ya están sufriendo terriblemente1.
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El consejo de guerra de Trump temía que cada una de estas opciones pudiera extender la guerra por todo el Medio Oriente, alienar y perjudicar aún más a aliados clave de Estados Unidos en el Golfo, como Arabia Saudita, crear graves escaseces de energía, causar aún más daño a la economía mundial e incluso desencadenar crisis masivas de refugiados, ya que la escasez de combustible afectaría a la producción de alimentos en África y Asia.
Los principales medios de comunicación y los analistas militares advierten que intensificar el ciclo actual de ataques y contraataques conlleva el riesgo de una guerra más amplia que ni Estados Unidos ni Irán podrían contener2.
Cada una de estas opciones plantea grandes riesgos para los gobernantes estadounidenses y tiene el potencial de dañar gravemente su hegemonía estratégica e incluso sus intereses fundamentales.
Una guerra criminal de agresión no provocada, ¡tanto antes COMO ahora!
Seamos claros: La guerra para la que Trump y los imperialistas estadounidenses desesperadamente buscan “buenas opciones” de victoria es una guerra de agresión imperialista totalmente injusta.
Hace cinco meses, el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron una guerra de agresión imperialista no provocada contra Irán, un país que nunca ha tenido armas nucleares y que no representaba una amenaza inmediata para ninguno de los dos. Esto convierte el ataque estadounidense-israelí en un acto criminal según el derecho internacional: un crimen de guerra.
Todo lo que Estados Unidos ha hecho desde entonces —las amenazas, los ataques, los bloqueos, las mutilaciones y los asesinatos, y el sufrimiento infligido a millones de personas en todo el mundo— es una continuación y una consecuencia de esa guerra imperialista criminal por el control del Medio Oriente y del mundo.
Han cometido atrocidades. Desde el 28 de febrero hasta la entrada en vigor del alto el fuego el 8 de abril, Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán la asombrosa cifra de 23.000 bombas y misiles. Desde entonces, Estados Unidos ha llevado a cabo más ataques con bombas y misiles, incluyendo unos 300 en un período de tres días este mes. Estos ataques han alcanzado objetivos militares así como civiles: puentes, hospitales, viviendas, escuelas, negocios y más. Al menos 3.468 iraníes, entre ellos siete bebés y al menos 376 niños mayores, han muerto y al menos dos millones han sido desplazados de sus hogares.
Cuando los imperialistas estadounidenses hablan de opciones, hablan de opciones para intentar aplastar y dominar a un país de 93 millones de habitantes. Trump incluso lo dejó claro la semana pasada, amenazando con destruir sistemáticamente las centrales eléctricas, los puentes y demás infraestructura civil de Irán, incluso en la capital, Teherán; atacar instalaciones nucleares; y posiblemente apoderarse de importantes instalaciones de transporte de petróleo.
Una situación cambiante… con peligros cada vez mayores.
Tras cinco meses de guerra, el régimen fascista de Trump no ha encontrado una salida viable a su conflicto con Irán. Y los demócratas, como partido de la clase dominante imperialista, se enfrentan ahora a la misma necesidad de potenciar y no debilitar la posición imperialista de Estados Unidos en el mundo. Incluso aquellos políticos demócratas críticos con la guerra no ofrecen más que palabras vacías y enmiendas insignificantes.
El callejón sin salida en el que se encuentran ahora aumenta la presión para que hagan algo drástico y peligroso en busca de una salida… aun cuando ese algo drástico conlleva enormes riesgos para su posición en el mundo y la estabilidad de su gobierno. Este es un peligro real y constante al que la gente debe estar alerta.
El hecho de que Estados Unidos no tenga buenas “opciones” en Irán no solo refleja un error estratégico de Trump; en un nivel más profundo, evidencia que este sistema está impulsado a cometer devastación y destrucción sin fin para mantener su posición en el mundo. Toda la situación vinculada a la guerra de Estados Unidos contra Irán podría derivar en una grave crisis política en un momento en que la clase dirigente estadounidense y las instituciones clave del Estado están irreconciliablemente divididas. En momentos como este, podría surgir la posibilidad de una verdadera revolución si existe una vanguardia de miles de personas con la capacidad ideológica, política y organizativa para liderar a millones que se alcen decididas a luchar por un sistema radicalmente nuevo y fundamentalmente diferente.
Ya no podemos darnos el lujo de permitir que estos imperialistas dominen el mundo y determinen el destino de la humanidad. Hay que derrocarlos cuanto antes.
Bob Avakian
La guerra de Estados Unidos e Israel: el hambre se agrava, en Irán y entre cientos de millones de personas en todo el mundo
Humo tras un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra una refinería de petróleo en Teherán, Irán, 8 de marzo de 2026.
En Irán, la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel ha intensificado el sufrimiento y la angustia de sus 93 millones de habitantes. “En todo el país afectado por las sanciones, la población se enfrenta a una creciente lista de dificultades mientras lucha por sobrevivir”, informa Al Jazeera, “desde el colapso del poder adquisitivo y el costo prohibitivo de los alimentos, el alquiler y los medicamentos, hasta la pérdida de empleos, la conexión a internet poco fiable, los cortes de electricidad, las interrupciones en los servicios bancarios y la destrucción de la infraestructura”.
Dos ejemplos sencillos pero reveladores: Un músico desempleado de Teherán comentó que cuando amigos y familiares conversan, “la primera pregunta que nos hacemos es: ¿Has comido?”. Otros iraníes afirman haber dejado de consumir frutas y verduras “en favor de las vitaminas para ahorrar dinero”.
Arando la tierra para el trasplante de arroz en Bangladesh. Foto: SEJustice
Desplazados internos somalíes en un campamento en las afueras de Mogadiscio, Somalia, 5 de febrero de 2026. Foto: AP/Farah Abdi Warsameh
A nivel mundial. El bloqueo estadounidense de los puertos iraníes y el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán —consecuencia directa de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán— han provocado repercusiones en la economía capitalista-imperialista global y en el suministro mundial de alimentos.
Un ejemplo contundente es que el cierre ha “limitado el envío de diésel, privando a los agricultores de combustible para las bombas de riego y amenazando el suministro de alimentos”, informa el New York Times. “El cultivo de alimentos para cientos de millones de personas depende del diésel” en países como Bangladesh, Vietnam, Indonesia, Myanmar, Nigeria y Etiopía.
En Bangladesh, un país de 178 millones de habitantes, unos 15 millones de pequeños agricultores cultivan un promedio de 1.2 hectáreas cada uno para producir el principal cultivo básico del país: el arroz. Ahora, como consecuencia directa de la agresión estadounidense-israelí contra Irán, el aumento del precio del diésel reducirá drásticamente su producción y agravará el hambre en este país, donde más de 46 millones de personas ya carecen de acceso regular a alimentos seguros, suficientes y nutritivos.
Reflexione un momento sobre toda la depravación y sufrimiento innecesarios que encierra ese único hecho... ¡y en la sangre que mancha las manos estadounidenses e israelíes!
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